Catorce de febrero.


Tus hijas van a crecer, tu esposa y tú envejecerán.

Yo me convertiré en una mujer, viviré con otros lo que anhelo de ti. Cuando te extrañe demasiado volverás y beberé otra vez de tu vino, de tu sangre.

Tus máquinas se oxidarán y a mí, la lozanía aún estará acompañándome para tenerte al final. Porque estaré amándote como en cada momento de mi voz. En cada momento de tu mirada.

Serás grande y yo estaré a tu lado. Desde el otro lado y te abrazaré desde allí, y te amaré aún más.

Tu casa se enterrará y tendrá grietas, que son como mis venas que se han enredado cual raíces en tu piel; cada día desde que me tocaste me petrifico, para guardarme en ti para cuando vuelvas a darme vida, amor. Tu alma es mía. Es mía porque sí. Tu amor es mío porque no lo resistes.

La pasión que siento y el dolor que hay en ella no sé expresarla más que en estas palabras. Si antes hubo un García Márquez que amó y no fue suficiente, no contuvo y no fue amado, y tuvo el veneno que enloquece la cordura de las mentes, que afiebra los sueños y atormenta los días, que te hace escribir, escribir porque no puedo tenerte, hoy yo sé que es ser una bestia que sólo vive de ti.

Tus hijas van a crecer, tu esposa y tú envejecerán, y yo… seguiré amándote.

Seguiré amándote como hoy. Y lo diré al final, cuando tu vida esté en descenso y la mía quiera irse con ella.

Carta de como que.

Me pasa que

ay, que no quiero hacer nada.
Y que
no haber estado en tantos días como que me hace extrañarte más de lo normal, que
normalmente es mucho.
Y
me pasa que quiero pasar TODO el tiempo contigo. Porque hueles tan rico, porque hablas tan dulce y gracioso :D, porque
besas de una forma que me conmueve, que me traspasa y me apasiona, y me llena la pancita de cositas: como maripositas. Es rico.
También me pasa que soy como
ADICTA a ti. Y que eso me hace necesitarte así como
a cada rato. Y como que pienso en demasiadas cosas contigo y en ti.
Como que tengo el recuerdo… (ay, como que podrías avisar cuando te vas a aparecer asíderepentemente porque me desconcentras ¬¬) como te decía:
Como que tengo el recuerdo nítido de todas las cosas que han alimentado y escrito esta historia y como que
las necesito nuevamente, en realidad, SIEMPRE.
Y es que ya casi me siento inútil sin ti. Sabiendo que estaré sin ti. Pasa que no me acostumbro, no, no puedo acostumbrarme a asumir que ya no eres más mío.
Pero también pasa que lo eres, entonces no me acostumbro y ya.
Siento además, como que estoy loca:
siento la demencia en mi sangre, en mi mente; no es posible que todo pero todo diga relación contigo, no,
no puede ser que estés en todo, debo de estar loca, loca por ti.

Últimamente como que, siento muchos miedos a causa de tu ausencia. Pienso que me has olvidado y que ya eres, nuevamente
feliz con ella. Y aunque eso estaría políticamente bien, para mí sería morir.
Como que te me estás haciendo tan magno que tan poquito de ti, no me satisface. Y todo nunca sería suficiente.
Yo te quiero más. Como que fueras mucho más de lo que soy y de todo lo que tengo y podría tener: un hogar perfecto, una pareja exacta, un futuro brillante y una vida promisoria. Como el mundo a mis pies incluso, y todo lo que querría es estar a los tuyos, de rodillas a tus pies.
Como que estoy a punto de venderle mi alma al diablo, sabes, como que hallo que es la única solución. Aunque me convirtiera en una hormiga que da vueltas en tu azúcar, o en la azúcar misma que se disuelve en tu café, para mí serías como ahora, pero mío. O como que mío. Si mi muerte se tratara de morir en tu boca, como que desearía morir ya. Preferiría morir así, que como ahora, que siento que muero sin gloria por no tenerte. Por no poder amarte.
Cómo has venido a significar en mi vida, amor.
Eres tan grande y magnífico. Eres tan perfecto, nunca creí en lo perfecto hasta que te vi. Nunca creí en la pasión hasta que te besé. No creo en el amor, más que por ti.
Cómo has venido a significar en mí, que nada tiene sentido si no apareces de alguna extraña forma ahí;
que en mi desesperación por gritarte lo que siento, sólo puedo llorar porque como que no sé si ese día llegará.
Perdóname si te amo así, es que aún no te lo digo. Y como que me siento alucinada porque es maravilloso todo lo que me llevas a crear.
Yo que insignificante, me sorprende lo que hace tu amor. Y como que me detengo aquí porque si no lo grito, muero, amor.

De asuntos precipitados

Yo no sé, pero quizás mi problema es que estoy cada día más tonta. Bastó que el muchachito me dijera: me gustas caleta. Así, en fuente estándar, tamaño 12, color negro, en cursiva. Que te ríes mucho y que eres muy linda y que te tuve todo el día en la cabeza, pero esto apenas a unas ocho o nueve horas de haber hablado por primera vez. Yo no sé, toda la vida he estado acostumbrada a que los primeros contactos con el otro estén poblados de secreteos y coquetería, pero casi siempre esas cosas están más cargadas de mi lado, o cuando se equiparan es un juego en el que pesa más el secreteo y las miraditas, y esto de poner todas las cartas sobre la mesa así de rápido me tomó mucho más de sorpresa de lo que yo pensaba. Pero acaso el chico fuera en realidad un buen chico y estaría bueno darle la oportunidad, qué se yo, y por eso dos días más tarde pasan cinco minutos en una micro con él sufriendo por tener alguna ocurrencia que decirme, y yo tratando de no sufrir por el dolor de mis zapatos de taco nuevos, y con algo de pena me doy cuenta de que él no puede sacarme los ojos de encima y yo podría, perfectamente, vivir sin él. Esa mañana me río menos y estoy segura de que él lo nota, pero no dice nada. No dice nada porque no sabe cómo hablarme y yo me sonrío un poco por dentro pero porque, por primera vez, hay alguien tan insistentemente embelesado conmigo y a mí no me provoca nada. Yo no sé, quizás es que en verdad estoy más tonta y no aprovecho, como me dice mi mejor amigo por otra ventanita en fuente estándar: el problema es que yo sé lo que se siente estar al otro lado, y ese daño no quiero hacérselo así de conscientemente a nadie.

Está el consuelo, para mí al menos, de que soy menos ignorable de lo que yo pensé. Aunque sea para un chico de veinte que tiene cojones suficientes para mirarme en todo el viaje de la micro, pero que le faltan muchos otros para ser él el que iniciara nuestra incómoda conversación.

El problema.

Cuando en esa oportunidad me sonreí y lo conduje segura a una oficina oscura y tibia sentí miedo. Me gustaba demasiado su olor y sus manos. Frente a mí, alto, impaciente e incapaz. Más hermoso y desgraciado que nunca: siéntate que no te alcanzo.

Titubear era su placer culpable. Una fiera al fin lo tumbó en la silla y se embistió contra él. La humedad de sus besos, la intensidad de sus abrazos, sus manos, sus hermosas manos recorriendo con fuerza mis caderas y espalda. Una de las primeras veces en que sentí que no por ser mujer no tenía derecho a calentarme con alguien, y desearlo porque sí. Claro que Dios para el Día del Juicio me va a señalar y juzgar, porque claro determinó en los mandamientos, no desearás a la mujer de tu prójimo. Y bueno, yo no deseaba a la mujer de mi prójimo, pero sí a mi prójimo. Mientras mi sangre ardía y mis contoneos pedían que no se detuviera se paseó en mi cabeza la silueta de una mujer rellena y desaliñada, que esperaba a alguien, que cuando llegaba lo recibía con un beso y ese beso se convertía en una caricia, en una encerrona contra la pared, en una tocá de pierna y terminaban revolcados en una cama, mientras entre susurros el tipo decía Fer.
Me agité y me separé, tomé mis cosas y dije vamos. Yo no quería a ese hombre, lo deseaba. Aquí es cuando irrumpe brillante en mi vida la hermosa palabra infidelidad. Pero tan joven no podía ser infiel, la infidelidad es una palabra que usan los adultos, la gente que tiene casa, guaguas y sexo con alguien que no es su cónyuge. Yo no. Y nunca tuve con él; durante dos años jugamos, mentimos y nos mentimos, nació una guagua y yo besé un par de bocas, hubo distancias y acercamientos, dudas y certezas, mensajes de texto de madrugada, meils, invitaciones, conversaciones, discusiones, chocolates, más meils, hasta que descubrí que tenía frente a mí al hombre que siempre había querido, así tal cual, con todos esos defectos y las virtudes que lo acompañaban y para mi horrorosa suerte, estaba casado.
Un día se enteró que yo ya no estaba dispuesta a contemplar su vida en silencio y desperdiciar la mía por la imposibilidad de concretar nuestros deseos, y que estaba queriendo a otro. Y creyó que yo ya no lo amaba más y junto con terminar el juego se replanteó su vida. Asfixiada de egoísmo y desvergüenza no quería dejarlo, pero dijo, Fernanda, tengo una familia y la estoy perdiendo. Miro a mis hijas y lloro, en mi casa se han dado cuenta que estoy distante, lejano, que no quiero que me hablen, que quiero estar solo. Mientras haya un hilo de esperanza, yo voy a pelear por eso.
Y ahí está frente a mí, en una plaza llena de voces, el hombre de mis sueños diciéndome que me quiere y que por eso me deja, y porque él ya armó su vida y yo tengo que armarla con alguien que no esté en sus condiciones, y yo le digo que una no escoge de quién enamorarse y que no quiero perderlo. El problema no fue hallarlo, el problema es olvidarlo.

De la religiosidad y la moda

Esa vez, la primera que nos vimos después de mucho tiempo, llevaba puesto un vestido verde a rayas. Lo había comprado el día anterior en una tienda de ropa usada, al encontrarlo lo más bonito y triste que nunca había visto en una caja con olor a abuelo. Caminamos un par de cuadras en línea recta y, cuando llegamos a la Recoleta, tiré de tu manga para que dobláramos por una calle, sin obtener mayores resultados. No. Por qué no. No sé, podrían asaltarnos o peor. ¡Bah! No va a pasarnos nada, vamos. Créeme, no. Te propuse que cada quién siguiera por su lado y nos juntáramos frente a la vitrina del almacén de los sombreros que estaba a tres calles, ante lo cual te estiraste todo lo largo que eres y me miraste poco convencido. No supe si querías saber que efectivamente no iría contigo o, muy por el contrario, sólo querías mostrarme que si iba por esa calle nada te haría seguirme. La cosa es que aceptaste, seguiste siempre en línea recta por en frente de la iglesia y yo me quedé mirándote: te vi espantar unas palomas con la punta del pie. Después, en vez de seguir por mi camino, me detuve en el umbral de una puerta y esperé un buen rato, enmarcada como una virgencita en una estampa, imaginándome lo impaciente que estarías. Estarías enojado, de seguro, y los caros sombreros te molestarían más y más conmigo. Cuando te vi venir corriendo pensé que me dirías las cosas más nefastas por estar en esa puerta jugando como una niña cuando tú sentías ese inexplicable miedo a los ladrones. Sin embargo no dijiste nada. Te quedaste viéndome como si me hubieras bajado de un globo y yo, como pude, me enrollé con brazos y piernas, porque no todos los días alguien volvía por mí al umbral de una casa extraña. Fue lo más extraño reconocerme de esa manera, como una trampa, después de tantos meses. Aproveché de enrollarme, con dedos y pelos, a tu cuello lleno de borlas por detrás de las orejas. Las tenías tan heladas que tuve que quitarlas de la boca y taparlas con jirones del vestido verde de líneas blancas, y apretar fuerte mis manos para que nada se me fuera a escapar otra vez entre las arrugas de la tela y tu cabeza.

Para tener una confesión

Me da vergüenza, pero hay que reconocer
que me muero por hablarte
ya me cansé de aguantar que me pongas los ojos encima
así, desafiante,
desafiante porque no vas a ser tú el que me llame y me detenga
pero lo mismo me llamas aunque no quieras
porque se te ha pegado la costumbre de aparecérteme en los sueños
y de quedarte en mis recuerdos
de sentarte en la más nueva de las sillitas de respaldo en mis recuerdos
y no sé como espantarte pues,
si te hablo,
tu voz me va a quedar retumbando en los rincones,
y si no te hablo el silencio me va a pesar en los hombros
hasta que caiga al suelo y llore.

Lo que Pasiones dice

No sé por qué ni qué. Hay que ser ocioso para pensar en tanta cosa (y no sólo recordar, ojo, porque una inventa, como si no estuviera lo suficientemente enrollada, como si las cosas efectivamente sucedidas no bastaran para expresar el deseo constante e incesante que se expresa en un montón de tics, de síntomas nefastos en su mayoría nocturnos).


(En fin, una imagina como si no hubiera mañana).

Pasiones dice, y nadie nunca ha cuestionado la sentencia, que toda calentura prosaicamente aparecida de la nada se debe al trabajo de algún brujo hecho por ahí (¡Como si no fuera una la que más trabaja antes, durante y después de las famosas relaciones que en mala hora se nos ocurre tener, y en un vago intento por conciliar el sueño en noches difíciles como ésta!).

Siga trabajando, amigo místico y escaldasónico, que las noches de invierno se nos están poniendo frías (como para congelarle los pies a todas las mujeres de este hemisferio juntas).

Lo de mantener la compostura

Quizás es un deslizón muy grande de las demás cosas que he venido a lanzar acá. Pero no importa: me enferma que porque soy mina tengo que comportarme tranquila y no hacer escándalos en los lugares públicos. Hoy gritoneé mucho a un dependiente de tienda (o tendero, para sintonizar con la onda tropical del libro de latín) por atenderme con toda la parsimonia del mundo y por pegarme una mirada de profunda indiferencia cuando le dije que si se podía apurar, porque tenía cosas que hacer. Bueno, eso y que no quería devolverme toda la plata cuando le entregué de vuelta el par de zapatillas que alguien me vendió mal por errores ridículos. Eso y que el dependiente me dijera que debería haberme fijado yo en que me vendan las cosas bien. No me venga con tonteras: me veré muy joven y calladita, pero estúpida no soy.
Eso es todo. Prometo volver al dial.

el por qué de Cortázar


Rayuela siempre ha sido mi libro favorito, pero desde que descubrí que era Talita. no siempre fui talita -o, en su defecto, lo desconocía- pues comencé a serlo cuando Traveler me dijo que lo era. Traveler llegó hace algunos años a mi sala con unos jeans gastados y algo chascón. tenía toda la fachada de haber sido un adolescente en los 90, de ser un grunge que todavía cargaba el luto por kurt cobain. cuando se sentó en la mesa (y no en la silla, qué revolucionario profesor), dijo que venía a mostrarnos un poco de literatura. a pesar de los aburridos temas que impone el ministerio, como el drama del emisor con el receptor, que qué diantres es un texto argumentativo, tuve la increíble capacidad de extrapolarme del contexto y echar a correr mi imaginación. no era mi intención, lo juro, pero ya me era imposible no imaginar a Traveler arriba de una mesa, levantándome la falda del uniforme, tomándome por las piernas hasta conducirme a su centro. pensé que todo era culpa de la monotonía de las materias, hasta que un día se me acercó y se sentó en mi mesa. cuando una simple pregunta por el canal se transformó mentalmente en una insinuación de segundo tipo, descubrí que me había enamorado de mi profesor de castellano. qué tragedia. pero más tragedia es lo que pasó después. ingenuamente me dediqué a escribir todo lo que Traveler decía en clases y, en la parte de atrás del mismo cuaderno, a echar un poco afuera todo lo que me estaba pasando. no, eso no es lo trágico. lo trágico fue que un día el dichoso cuaderno se me perdió. lo busqué por todo el colegio y llegué a llorar, porque si alguien lo encontraba estaría al descubierto. recé una semana entera (como nunca lo había hecho por nada) y finalmente el cuaderno apareció, pero no donde yo quería que apareciera. un día lunes en la mañana, Traveler me dijo que fuera a su oficina después de clases. pensé que me iba a entregar la prueba que me debía, pero cuando llegué al lugar de encuentro, me sentó en una silla inquisidora y me preguntó si el cuaderno que él tenía en su mano era mío. no supe qué decir. cuando por fin rompí el silencio, me lo entregó con una sonrisa. me aproximaba a abrir la puerta y de pronto me confesó que había leído la parte de atrás. agregó que escribía muy bien. me preguntó si había leído werther y, cuando le dije que no, me lo prestó en seguida. podríamos decir que en el momento mismo en que Traveler me prestó un libro que no era de lectura obligatoria, descubrí que había un vínculo insoslayable que se estaba construyendo. llegué mi casa y lo leí con desesperación. me sentí tan identificada que no pude evitar decirle, al otro día, que me había encantado. se sorprendió de que lo hubiese leído tan pronto, pero sonrió nuevamente. “tienes que leer a cortázar -me dijo-, es mi escritor favorito y estoy seguro de que te gustará también”. a los días hubo un concurso literario en el colegio y participé porque Traveler me lo pidió. gané el primer lugar y Traveler se acercó para entregarme algo envuelto en un papel brillante muy bonito. cuando lo abrí era un libro de Teillier con una dedicatoria que decía:

“teillier es un poeta lárico que anhela ese pasado y tiempo que se fue y que difícilmente volverá. para mí fue muy significativo durante mucho tiempo. aún queda algo de eso. ojalá que para ti signifique algo también. sigue con la literatura, es algo muy precioso y peligroso que debes cultivar”.

sé bien qué pasó, pero a fines de ese año me llegó el rumor de que Traveler había renunciado. con profunda desesperación y euforia adolescente (de la que va quedando poca), llamé a muchas personas hasta que logré conseguir el teléfono de Traveler. le dejé un mensaje de voz y me llamó horas más tarde. intercambiamos correos. Traveler me habló de juan emar de pronto, de Cortázar otra vez. me dijo que tenía que leer Rayuela y que cuando lo terminara nos podríamos tomar un café por los del Club de la Serpiente. justo por esas fechas un amigo viajaba a buenos aires, así que se lo encargué. en cuanto me lo entregaron, comencé a leerlo hasta terminarlo. sin embargo, el encuentro vino un año después. lo que pasa es que yo no sabía que Traveler estaba de novio y tenía planes de casarse. me alejé, pero no por mucho, porque meses más tarde me llamó por teléfono para decirme que nos juntáramos; había terminado con la Maga y ya era hora de cumplir lo que nos veníamos prometiendo hace un año. pusimos una fecha y un lugar pero no sé por qué me enfermé y no pude ir. luego nos enteramos de que coldplay venía a chile y, como a ambos nos gustaba mucho, fuimos juntos. ese día me vino a buscar a mi casa y mientras íbamos en el auto yo sentía que la sangre me hervía por dentro. Traveler me vino a dejar horas más tarde y, cuando llegamos a la puerta, me dijo que yo era Talita, porque las magas eran volátiles como la espuma. cerró los ojos y me dio un beso con gusto a green eyes, con la sutileza de fix you. nos vimos una vez y dos y cinco. a mi mamá, como siempre, se le ocurrió ir a la playa en el momento menos oportuno. cuando volví, Traveler quería verme. fui a su casa. tuve la estupenda idea de ir con falda, por lo que las cosas se volvieron un tanto tensas. Traveler me esperaba descalzo. en otro momento no habría contenido mis ganas de sacárselo todo, pero ese día me había caído todo el peso de lo que era la diferencia de etapas y Traveler tenía trece años más que yo. almorzamos y conversamos un rato, hasta que de un minuto a otro puso sus manos en mis caderas, me llevó a su pieza, me tiró en la cama y comenzó a levantarme esa falda que yo tanto quise que levantara un día. Traveler me sacó toda la ropa, me tocaba como nunca nadie lo había hecho y entonces a mi me vinieron ganas de vomitar. no por él, sino por la situación. sentía poco a poco que ya no había línea divisoria entre mi cuerpo y un mártir; me dolían los muslos y las caderas de tanta dilación. no física, sino mental. estaba a un paso de perderlo todo cuando por fin decidí, con el pecho lleno de mortificaciones, confesarle que era virgen, que no podía seguir. la cara de Traveler se desfiguró. pensé que no le iba a importar y que iba a seguir con eso que estaba haciendo solo y debo confesar que tuve mucho miedo y me sentí más niña y desprotegida que nunca. Traveler se apartó de mí, me entregó mi falda y me dijo que él tenía tantas ganas de presentarme a sus padres, de esto y lo otro, pero que él no estaba para juegos de niños, para miraditas y quemarropa que mejor me fuera de su casa y de su vida. cuando iba en la micro me encontré con una amiga que le había pasado lo mismo que a mí. había estado con su profesor de filosofía hace un tiempo atrás y, luego de escuchar mi historia, me dijo sabiamente que yo siempre había sido talita, pero que él era un simple oliveira, en ningún caso un traveler.

A veces eres tan tonto, pensar que no quieres aparecerte por mi casa quién sabe por qué (es decir, todos saben por qué) y yo estoy acá, sola, con el yuki claro, pero mas botada que los árboles que vinieron a sacar el otro día. Te echo de menos porque pucha que hace bien/mal esto de querer a alguien, y no solo te echo de menos, es que me siento tan sola a veces, tan pero tan sola que es casi una necesidad que te aparezcas aunque sea una vez, solo para ver como estoy, sabes? Y te llamo, y el teléfono, con esa distancia tan increíblemente enorme que acarrea, me hace sentir que no sirve de nada escucharte 5 minutos diarios, mientras me dices en tono aniñado que no me ves desde el Lunes, y me sigo cayendo y cayendo en mi cama, que a estas alturas es mas bien una especie de jaula/camisa de fuerza. Me da absolutamente lo mismo si tu y mis papás no tienen feeling entre ustedes, el punto es que nadie te ha prohibido jamás entrar en esta casa, todo lo contario, pero ves? sigo acá sola, escuchando a los niños jugar a la pelota, escuchando tus cd's y you'reee the oneeeeeeee for meeeeeee me da vueltas, y vueltas, y vueltas en la cabeza, y como escuche por ahí me quedo con las ganas si es que de esas tengo. Porque por mucho que me haya negado a escribir por acá algún tiempo, por mucho que mi juicio haya encontrado un poco extraño el rumbo que toma este espacio (digamos que mi estilo dista bastante de lo que observo), me sigues obligando a escribirte, me sigues obligando a desafiarte, por que sé que si algún día llegas a leer algo de esto me vas a decir un sincero y odioso "no me gusta" que me va a dejar tirada en quien sabe donde, porque esto de sentarme a odiarte una vez al mes me está matando, porque esto de sentarme a odiarme me está matando.