Quizás es un deslizón muy grande de las demás cosas que he venido a lanzar acá. Pero no importa: me enferma que porque soy mina tengo que comportarme tranquila y no hacer escándalos en los lugares públicos. Hoy gritoneé mucho a un dependiente de tienda (o tendero, para sintonizar con la onda tropical del libro de latín) por atenderme con toda la parsimonia del mundo y por pegarme una mirada de profunda indiferencia cuando le dije que si se podía apurar, porque tenía cosas que hacer. Bueno, eso y que no quería devolverme toda la plata cuando le entregué de vuelta el par de zapatillas que alguien me vendió mal por errores ridículos. Eso y que el dependiente me dijera que debería haberme fijado yo en que me vendan las cosas bien. No me venga con tonteras: me veré muy joven y calladita, pero estúpida no soy.
Eso es todo. Prometo volver al dial.
Mi única ambición es llegar a escribir un día, más o menos bien, más o menos mal, pero como una mujer. (...) Pues entiendo que una mujer no puede aliviarse de sus sentimientos y pensamientos en un estilo masculino, del mismo modo que no puede hablar con voz de hombre.
Victoria Ocampo
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lunes, 5 de mayo de 2008
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