Mi única ambición es llegar a escribir un día, más o menos bien, más o menos mal, pero como una mujer. (...) Pues entiendo que una mujer no puede aliviarse de sus sentimientos y pensamientos en un estilo masculino, del mismo modo que no puede hablar con voz de hombre.
Victoria Ocampo
jueves, 17 de marzo de 2011
sábado, 13 de septiembre de 2008
Catorce de febrero.

Tus hijas van a crecer, tu esposa y tú envejecerán.
Yo me convertiré en una mujer, viviré con otros lo que anhelo de ti. Cuando te extrañe demasiado volverás y beberé otra vez de tu vino, de tu sangre.
Tus máquinas se oxidarán y a mí, la lozanía aún estará acompañándome para tenerte al final. Porque estaré amándote como en cada momento de mi voz. En cada momento de tu mirada.
Serás grande y yo estaré a tu lado. Desde el otro lado y te abrazaré desde allí, y te amaré aún más.
Tu casa se enterrará y tendrá grietas, que son como mis venas que se han enredado cual raíces en tu piel; cada día desde que me tocaste me petrifico, para guardarme en ti para cuando vuelvas a darme vida, amor. Tu alma es mía. Es mía porque sí. Tu amor es mío porque no lo resistes.
La pasión que siento y el dolor que hay en ella no sé expresarla más que en estas palabras. Si antes hubo un García Márquez que amó y no fue suficiente, no contuvo y no fue amado, y tuvo el veneno que enloquece la cordura de las mentes, que afiebra los sueños y atormenta los días, que te hace escribir, escribir porque no puedo tenerte, hoy yo sé que es ser una bestia que sólo vive de ti.
Tus hijas van a crecer, tu esposa y tú envejecerán, y yo… seguiré amándote.
Seguiré amándote como hoy. Y lo diré al final, cuando tu vida esté en descenso y la mía quiera irse con ella.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Carta de como que.
Me pasa queY que
no haber estado en tantos días como que me hace extrañarte más de lo normal, que
normalmente es mucho.
Y
me pasa que quiero pasar TODO el tiempo contigo. Porque hueles tan rico, porque hablas tan dulce y gracioso :D, porque
besas de una forma que me conmueve, que me traspasa y me apasiona, y me llena la pancita de cositas: como maripositas. Es rico.
También me pasa que soy como
ADICTA a ti. Y que eso me hace necesitarte así como
a cada rato. Y como que pienso en demasiadas cosas contigo y en ti.
Como que tengo el recuerdo… (ay, como que podrías avisar cuando te vas a aparecer asíderepentemente porque me desconcentras ¬¬) como te decía:
Como que tengo el recuerdo nítido de todas las cosas que han alimentado y escrito esta historia y como que
las necesito nuevamente, en realidad, SIEMPRE.
Y es que ya casi me siento inútil sin ti. Sabiendo que estaré sin ti. Pasa que no me acostumbro, no, no puedo acostumbrarme a asumir que ya no eres más mío.
Pero también pasa que lo eres, entonces no me acostumbro y ya.
Siento además, como que estoy loca:
siento la demencia en mi sangre, en mi mente; no es posible que todo pero todo diga relación contigo, no,
no puede ser que estés en todo, debo de estar loca, loca por ti.
Últimamente como que, siento muchos miedos a causa de tu ausencia. Pienso que me has olvidado y que ya eres, nuevamente
feliz con ella. Y aunque eso estaría políticamente bien, para mí sería morir.
Como que te me estás haciendo tan magno que tan poquito de ti, no me satisface. Y todo nunca sería suficiente.
Yo te quiero más. Como que fueras mucho más de lo que soy y de todo lo que tengo y podría tener: un hogar perfecto, una pareja exacta, un futuro brillante y una vida promisoria. Como el mundo a mis pies incluso, y todo lo que querría es estar a los tuyos, de rodillas a tus pies.
Como que estoy a punto de venderle mi alma al diablo, sabes, como que hallo que es la única solución. Aunque me convirtiera en una hormiga que da vueltas en tu azúcar, o en la azúcar misma que se disuelve en tu café, para mí serías como ahora, pero mío. O como que mío. Si mi muerte se tratara de morir en tu boca, como que desearía morir ya. Preferiría morir así, que como ahora, que siento que muero sin gloria por no tenerte. Por no poder amarte.
Cómo has venido a significar en mi vida, amor.
Eres tan grande y magnífico. Eres tan perfecto, nunca creí en lo perfecto hasta que te vi. Nunca creí en la pasión hasta que te besé. No creo en el amor, más que por ti.
Cómo has venido a significar en mí, que nada tiene sentido si no apareces de alguna extraña forma ahí;
que en mi desesperación por gritarte lo que siento, sólo puedo llorar porque como que no sé si ese día llegará.
Perdóname si te amo así, es que aún no te lo digo. Y como que me siento alucinada porque es maravilloso todo lo que me llevas a crear.
Yo que insignificante, me sorprende lo que hace tu amor. Y como que me detengo aquí porque si no lo grito, muero, amor.
sábado, 21 de junio de 2008
De asuntos precipitados
Yo no sé, pero quizás mi problema es que estoy cada día más tonta. Bastó que el muchachito me dijera: me gustas caleta. Así, en fuente estándar, tamaño 12, color negro, en cursiva. Que te ríes mucho y que eres muy linda y que te tuve todo el día en la cabeza, pero esto apenas a unas ocho o nueve horas de haber hablado por primera vez. Yo no sé, toda la vida he estado acostumbrada a que los primeros contactos con el otro estén poblados de secreteos y coquetería, pero casi siempre esas cosas están más cargadas de mi lado, o cuando se equiparan es un juego en el que pesa más el secreteo y las miraditas, y esto de poner todas las cartas sobre la mesa así de rápido me tomó mucho más de sorpresa de lo que yo pensaba. Pero acaso el chico fuera en realidad un buen chico y estaría bueno darle la oportunidad, qué se yo, y por eso dos días más tarde pasan cinco minutos en una micro con él sufriendo por tener alguna ocurrencia que decirme, y yo tratando de no sufrir por el dolor de mis zapatos de taco nuevos, y con algo de pena me doy cuenta de que él no puede sacarme los ojos de encima y yo podría, perfectamente, vivir sin él. Esa mañana me río menos y estoy segura de que él lo nota, pero no dice nada. No dice nada porque no sabe cómo hablarme y yo me sonrío un poco por dentro pero porque, por primera vez, hay alguien tan insistentemente embelesado conmigo y a mí no me provoca nada. Yo no sé, quizás es que en verdad estoy más tonta y no aprovecho, como me dice mi mejor amigo por otra ventanita en fuente estándar: el problema es que yo sé lo que se siente estar al otro lado, y ese daño no quiero hacérselo así de conscientemente a nadie.Está el consuelo, para mí al menos, de que soy menos ignorable de lo que yo pensé. Aunque sea para un chico de veinte que tiene cojones suficientes para mirarme en todo el viaje de la micro, pero que le faltan muchos otros para ser él el que iniciara nuestra incómoda conversación.
miércoles, 18 de junio de 2008
El problema.
Me agité y me separé, tomé mis cosas y dije vamos. Yo no quería a ese hombre, lo deseaba. Aquí es cuando irrumpe brillante en mi vida la hermosa palabra infidelidad. Pero tan joven no podía ser infiel, la infidelidad es una palabra que usan los adultos, la gente que tiene casa, guaguas y sexo con alguien que no es su cónyuge. Yo no. Y nunca tuve con él; durante dos años jugamos, mentimos y nos mentimos, nació una guagua y yo besé un par de bocas, hubo distancias y acercamientos, dudas y certezas, mensajes de texto de madrugada, meils, invitaciones, conversaciones, discusiones, chocolates, más meils, hasta que descubrí que tenía frente a mí al hombre que siempre había querido, así tal cual, con todos esos defectos y las virtudes que lo acompañaban y para mi horrorosa suerte, estaba casado.
Un día se enteró que yo ya no estaba dispuesta a contemplar su vida en silencio y desperdiciar la mía por la imposibilidad de concretar nuestros deseos, y que estaba queriendo a otro. Y creyó que yo ya no lo amaba más y junto con terminar el juego se replanteó su vida. Asfixiada de egoísmo y desvergüenza no quería dejarlo, pero dijo, Fernanda, tengo una familia y la estoy perdiendo. Miro a mis hijas y lloro, en mi casa se han dado cuenta que estoy distante, lejano, que no quiero que me hablen, que quiero estar solo. Mientras haya un hilo de esperanza, yo voy a pelear por eso.
Y ahí está frente a mí, en una plaza llena de voces, el hombre de mis sueños diciéndome que me quiere y que por eso me deja, y porque él ya armó su vida y yo tengo que armarla con alguien que no esté en sus condiciones, y yo le digo que una no escoge de quién enamorarse y que no quiero perderlo. El problema no fue hallarlo, el problema es olvidarlo.
martes, 17 de junio de 2008
De la religiosidad y la moda
sábado, 14 de junio de 2008
Para tener una confesión
que me muero por hablarte
ya me cansé de aguantar que me pongas los ojos encima
así, desafiante,
desafiante porque no vas a ser tú el que me llame y me detenga
pero lo mismo me llamas aunque no quieras
porque se te ha pegado la costumbre de aparecérteme en los sueños
y de quedarte en mis recuerdos
de sentarte en la más nueva de las sillitas de respaldo en mis recuerdos
y no sé como espantarte pues,
si te hablo,
tu voz me va a quedar retumbando en los rincones,
y si no te hablo el silencio me va a pesar en los hombros
hasta que caiga al suelo y llore.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Lo que Pasiones dice
(En fin, una imagina como si no hubiera mañana).
Pasiones dice, y nadie nunca ha cuestionado la sentencia, que toda calentura prosaicamente aparecida de la nada se debe al trabajo de algún brujo hecho por ahí (¡Como si no fuera una la que más trabaja antes, durante y después de las famosas relaciones que en mala hora se nos ocurre tener, y en un vago intento por conciliar el sueño en noches difíciles como ésta!).
Siga trabajando, amigo místico y escaldasónico, que las noches de invierno se nos están poniendo frías (como para congelarle los pies a todas las mujeres de este hemisferio juntas).
lunes, 5 de mayo de 2008
Lo de mantener la compostura
Eso es todo. Prometo volver al dial.
viernes, 2 de mayo de 2008
el por qué de Cortázar

Rayuela siempre ha sido mi libro favorito, pero desde que descubrí que era Talita. no siempre fui talita -o, en su defecto, lo desconocía- pues comencé a serlo cuando Traveler me dijo que lo era. Traveler llegó hace algunos años a mi sala con unos jeans gastados y algo chascón. tenía toda la fachada de haber sido un adolescente en los 90, de ser un grunge que todavía cargaba el luto por kurt cobain. cuando se sentó en la mesa (y no en la silla, qué revolucionario profesor), dijo que venía a mostrarnos un poco de literatura. a pesar de los aburridos temas que impone el ministerio, como el drama del emisor con el receptor, que qué diantres es un texto argumentativo, tuve la increíble capacidad de extrapolarme del contexto y echar a correr mi imaginación. no era mi intención, lo juro, pero ya me era imposible no imaginar a Traveler arriba de una mesa, levantándome la falda del uniforme, tomándome por las piernas hasta conducirme a su centro. pensé que todo era culpa de la monotonía de las materias, hasta que un día se me acercó y se sentó en mi mesa. cuando una simple pregunta por el canal se transformó mentalmente en una insinuación de segundo tipo, descubrí que me había enamorado de mi profesor de castellano. qué tragedia. pero más tragedia es lo que pasó después. ingenuamente me dediqué a escribir todo lo que Traveler decía en clases y, en la parte de atrás del mismo cuaderno, a echar un poco afuera todo lo que me estaba pasando. no, eso no es lo trágico. lo trágico fue que un día el dichoso cuaderno se me perdió. lo busqué por todo el colegio y llegué a llorar, porque si alguien lo encontraba estaría al descubierto. recé una semana entera (como nunca lo había hecho por nada) y finalmente el cuaderno apareció, pero no donde yo quería que apareciera. un día lunes en la mañana, Traveler me dijo que fuera a su oficina después de clases. pensé que me iba a entregar la prueba que me debía, pero cuando llegué al lugar de encuentro, me sentó en una silla inquisidora y me preguntó si el cuaderno que él tenía en su mano era mío. no supe qué decir. cuando por fin rompí el silencio, me lo entregó con una sonrisa. me aproximaba a abrir la puerta y de pronto me confesó que había leído la parte de atrás. agregó que escribía muy bien. me preguntó si había leído werther y, cuando le dije que no, me lo prestó en seguida. podríamos decir que en el momento mismo en que Traveler me prestó un libro que no era de lectura obligatoria, descubrí que había un vínculo insoslayable que se estaba construyendo. llegué mi casa y lo leí con desesperación. me sentí tan identificada que no pude evitar decirle, al otro día, que me había encantado. se sorprendió de que lo hubiese leído tan pronto, pero sonrió nuevamente. “tienes que leer a cortázar -me dijo-, es mi escritor favorito y estoy seguro de que te gustará también”. a los días hubo un concurso literario en el colegio y participé porque Traveler me lo pidió. gané el primer lugar y Traveler se acercó para entregarme algo envuelto en un papel brillante muy bonito. cuando lo abrí era un libro de Teillier con una dedicatoria que decía:
“teillier es un poeta lárico que anhela ese pasado y tiempo que se fue y que difícilmente volverá. para mí fue muy significativo durante mucho tiempo. aún queda algo de eso. ojalá que para ti signifique algo también. sigue con la literatura, es algo muy precioso y peligroso que debes cultivar”.
Ayer soñé que mi papá se moría y que no me acompañabas a su funeral
martes, 22 de abril de 2008
Fragmentos para dominar el (un) deseo
Pr.Éramos
dos personas que desgarrábamos con la mirada
y las bocas
nos ardían como tazas de té en verano
esperando,
sin nada que pudiéramos hacer.
La noche estaba quieta
y en ella
las heridas de un hombre son la mirada de otro
invisibles todos
en la capacidad destripadora y caritativa
que tiene la oscuridad entre nosotros.
I.
Respirar muy hondo.
Aspirar con fuerza, profundo,
como si el aire lo inflara a uno como un bombín.
Como si con aire
se quitara la presión del esófago
y los calambres.
Como convirtiendo a tus intestinos
en espadas de globo
hechas por payasos invisibles.
IV.
Dibujar un círculo
sobre una hoja de papel
una, diez,
treinta y tres veces hasta rajar dicho papel.
Hasta hacer un hoyo
que atraviese todo el papel del cuaderno en el que anotas.
Hasta rasguñar con la punta del lápiz
la mesa en donde escribes.
Roer, desgarrar,
desarmar: destruir.
Sólo entonces
oír con detención el ruido que araña a la madera
y abraza a los oídos por dentro.
VII.
Meter la cabeza
a un balde de agua o,
en su defecto,
y únicamente si no tuviera esto a mano,
en una cassatta de helado de piña
San Francisco
de 5.5 litros, es decir
5500 centímetros cúbicos.
Ir así, en el estado
entre la excitación y la muerte inminente,
a dormir bajo un árbol tropical.
(esperar)
Cantar el Amor tucán.
Divertirse en el espacio donde está esa sombra
que constantemente se hace más sombra.
IX.
The Very Large Telescope o
Telescopio muy grande, VLT,
se encuentra en el Observatorio Paranal.
Consiste en un sistema
de cuatro telescopios ópticos
separados,
y cada uno de estos cuatro instrumentos principales
es un telescopio reflector
con un espejo de 8,2 metros.
El proyecto VLT
forma parte del European Southern Observatory,
ESO,
la mayor organización astronómica
de Europa.
Leer eso,
sobre eso,
repetidas veces durante el día.
Extiéndase sobre el piso y lea,
primero de espaldas,
luego de guatita,
de espaldas una vez más
y así sucesivamente.
domingo, 20 de abril de 2008
Eso de no saber
Lo que pasó es que yo me salté una etapa. Me salté esa etapa de transición en que apenas rozarle los labios a un chico era suficiente para dejarla a una sonriendo todo el día. Me salté la etapa en que besar era tan importante que con eso solamente ya se podía decir que existía una relación entre tú y ese otro. Cuando por fin ocurrió fue en un living demasiado iluminado para mi gusto, con un tipo de veinticuatro que se debatía entre tocarme por todas partes y dejarme a mí ser la que acercara finalmente mis labios a los suyos. Fue difícil, especialmente por eso de ser tan terriblemente ingenua, tan vieja y jamás besada, especialmente por estar en los brazos de uno que levanta miradas por todas partes y que tenía vestigios por todas partes de una tremenda, espantosa experiencia. Como cuando me dijo que la niña más joven con la que había andado era apenas un poco más vieja que yo. Fue difícil, pero en algún momento se pasó el miedo: y fue sólo entonces en que me salté la etapa, porque lo de jugar al cíclope fue de inmediato aprender a usar la lengua como no me hubiera imaginado nunca, porque fue inmediatamente arquear la espalda para besarlo sentada, él de rodillas, para besarlo sobre sus piernas, bajo él en un sillón, sobre él y tratando de que no rozara con sus dedos aquel que yo sabía que era mi punto débil, dejando de besarlo por un momento cuando me abrazaba tan fuerte mientras estábamos enredados sobre esa cama, y por todas partes se me escapaba eso que yo llamaba inocencia y también aquello otro de ser correcta y mesurada. Fue, en cierto modo, perder irremediablemente el control.
La última ingenuidad que me arrancaron fue aquella de besar con grandes sentimientos, un poco a la fuerza cuando un par de días después de esa madrugada él me dijo que no quería nada más, definitivamente arrancada cuando, un año y cinco meses después, se apoderaron de mí unos deseos espantosos de tocar y besar y saborear sin más, simplemente por el placer de hacerlo. Y a veces me acuerdo de ese que me hizo saltarme etapas, por la simple razón de querer averiguar si ahora que estamos los dos más grandes sería tan capaz de aguantarme a mí que lo detuviera justo cuando empezábamos a movernos más lento, más profundo, todo porque tenía yo aún algo de miedo. Me baja la curiosidad de saber si alguna vez volverá a apretarme tan fuerte que me den escalofríos por todas partes, porque eran esos abrazos los que me convencían de dejarlo hacer, de no parar. Pero el miedo entonces fue más fuerte. Ahora ya no estoy más segura. Me quedo con el sentimiento delicioso de sentirme tan mujer, una vez más, y con las palabras de una entrañable amiga que, a la mañana siguiente, me dijo: "cuando hacen eso es porque están enfermos de calientes".
viernes, 18 de abril de 2008
El Español
yo al español lo conocí en la puerta de alcalá. bueno, en verdad lo conocí a través de ventanitas naranjas una vez, pero eso es lo de menos, porque pude verlo y tocarlo y decirle holacómoestái en frente de la puerta, no antes, y por computador no hay más que flujos sin fundamentos. luego de habernos hablado y jurado por correo amor eterno, mi mamá decidió llevarme a madrid el año antepasado. se suponía que yo no iba a ir porque no teníamos cómo pagarlo, pero de pronto se vino a mi cabeza el dinero que mi abuela me había depositado desde que nací para la universidad o para cualquier cosa que necesitara en mi vida y con eso viajé en junio del 2006. sé que mi abuela me entendió porque era, a esas alturas, una necesidad para mi concretar las llamadas telefónicas internacionales. tuve el peor vuelo de la vida, por no decir menos. es que siempre he tenido problemas en los oídos y me duele tanto el aterrizaje. siento como si fuese a estallarme algo por dentro o a florecerme el tímpano izquierdo. en fin, cuando llegué a barajas llamé al español y le dije "español, ya estoy en madrid" y sentí cómo sonreía del otro lado del teléfono (siento que podía percibir su comisura derecha golpeando contra el auricular) y me dijo con ese tono que solo puede tener un español: "venga, qué alegría tenerte tan cerca!". después de varios días de recorrer la ciudad con mi mamá, de ir a toledo y al escorial, por fin el español me llamó al hotel para decirme que tenía tiempo pues había terminado todos sus exámenes. genial, pensé. por fin me lo voy a poder comer. sí, es que olvidé mencionar una característica importante: qué español más guapo. metro ochenta y siete, ojos azules, rubio, sonrisa pep, voz ORGÁSMICA. con esto último se volvía profundamente comible. sin embargo, cuando nos juntamos en la puerta de alcalá, el primer pensamiento que se me vino a la cabeza no fue precisamente un "bien, por fin perderé mi virginidad", sino más bien un “que me van a salir lindos los críos!”. bueno, como es de esperar, mi mamá me fue a dejar al punto de encuentro (que no se les olvide que soy una niña!), por lo que claramente el español no me agarró ahí mismo y fue sumamente cortés y como el resto de los españoles. mi mamá lo amó y eso que es bien difícil que mi mamá ame a alguien. me explico, mi mamá no puede ver a Él. Él no puede entrar a la casa, considera que es una mala influencia para mi y que solo me quiere para cosas de grandes. pero ya, Él en esta historia no tiene mucho que decir, pues estaba contando mi primer encuentro con el español y Él todavía no existía cuando esto sucedió. mi mamá lo saludó y se fue. entonces el español me abrazó y me dijo que quería que lo acompañara a comprarse un bañador y que después podíamos ir al parque del retiro. fuimos al corté inglés y compramos lo que necesitaba; salimos de ahí y, al atravesar la calle, paf, me tomó la mano y no me la soltó más. yo creo que en ese momento me hice agua como amelie cuando nino le pregunta si conoce a la niña de la foto, que era ella misma. caminamos y tomamos el metro. nos bajamos en retiro y llegamos al parque. estuvimos mucho rato dando vueltas, me compró un globo enorme, nos tiramos al pastito y me dio un beso en la mejilla (y que me parta un rayo si fue en otro lado; cuál es el afán de los besos a medias?). me mostró donde quedaba su casa y luego me fue a dejar al hotel. en la puerta me dijo que todo había sido increíble y por fin me dio un beso. estuvimos por lo menos una media hora en la puerta, yo creo. se notaba que nunca había dado un beso, pero aprendió en dos segundos y yo me sentía tan espectacularmente seca por estarle enseñando a un español tan ORGÁSMICO cómo jugar al cíclope. al otro día me llamó y me dijo que el de ese día había sido su primer beso y que le había encantado. luego salimos, fuimos a bailar y el resto lo hizo madrid. me fui a sevilla por un par de días y, cuando volví, me fue a buscar al hotel. volvimos a lo de las lenguas. a los días después me invitó por fin a conocer su casa por dentro (y vaya qué adentro!) y bueno, claramente no hubo tiempo para conversar mucho: cuando abrió la puerta de su departamento, puso su mano entre mi cuello y mandíbula, el pulgar y el índice estaban ahora separados por la oreja, a su sillón luego y a su pieza después. no sé bien cómo llegamos a su pieza (bueno, en verdad sí sé cómo, pero me gusta contarlo de esa forma); solo recuerdo que mientras caminábamos medio desorbitados y con las manos por no sé dónde, mi vestido quedaba en el pasillo, los pantalones del español en la puerta, su cinturón entremedio de las sábanas. sí, estábamos en ropa interior y luego no y él jamás en su vida había visto un par de esas aparte de las de su mamá al nacer. debo reconocer que yo tampoco había visto mucho, pero me las di de que sí sabía. creo que hace tiempo no veía tantos cíclopes juntos, nos mordimos más de la cuenta (y dolía a veces) y yo creo que si había 30 grados afuera era agradable, porque dentro de esa cama no había menos de 40. nos movíamos de aquí para allá, de arriba hacia abajo, que sí, que no, que vamos, que NO TENGO CONDÓN. hasta ahí llegó toda mi fantasía sexual. me vestí y a los días me vine a bailar cueca. con el español no hablamos casi por un año y yo pensé que me iba a morir, porque parecía que me había enamorado un poco. bueno, no sé si enamorado, pero me daba rabia la no concretación. un día me escribió un meil pidiéndome perdón por no hablarme y contándome que se había alejado porque se había enamorado de mi, entonces le dolía que yo estuviera tan lejos. igual lo entendí, a veces los hombres son más aterrizados que nosotras. le respondí y así fue como volvimos a conversar y, a exactamente tres meses de mi próximo viaje a europa, puedo confesar que voy a madrid y que el español me juró que esta vez sí pasaríamos a “mejor vida”.
sábado, 12 de abril de 2008
Para siempre tuya
viernes, 11 de abril de 2008
Lo que está quedando
Falso Él
la verdad es que me cuesta un poco empezar, porque es un tanto complicado para mi hablar desde la realidad y no caer en la tentación de lo ficcional y en las tribulaciones del espacio-tiempo. no sé si empezar desde el principio, el final o hablar ab eternum, pero tal vez sería bueno decir que cuando Él llegó no era precisamente el momento en que debía hacerlo. sí, llegó como esas cosas imprevistas que más que traerte alegrías generan confusiones. la verdad es que Él siempre estuvo, solo que yo no lo veía tanto. solo escuchaba sus comentarios que venían desde el fondo y claro, los comentarios entre los pasillos sobre su dudosa sexualidad. a veces sentía que Él era como de esas viejas aristócratas con las que podías hablar del dolor de cabeza, de los secretos para conservarte bien hasta los ochenta, de la última colección de zapatos traídos directamente de madrid, pero también lo creía un olor que se me inscribía entre cuello y vientre. ya no sé bien cómo pasó todo, pero después de haberme declarado en una cafetería sin esperanzas que cocinaba derrotas y falsedades, llegaron las vacaciones y entonces todo. no vi nada de eso ni a Él en un mes. no tuve contacto con lo de la cafetería en julio. Él aparecía cada noche en una ventanita de color naranjo. ya ni me acuerdo cómo es que me conseguí el meil y ese dato es más bien poco relevante, porque lo que verdaderamente importa es que desde agosto las cosas dieron una vuelta de tuerca drástica y ya los recuerdos de cafeterías habían vuelto renovados. no sé si me explico, pero tal vez no necesite explicarse tanto, es cosa de verme. pero no quiero hablar del presente, mejor sigamos en el pasado, que aún queda. con Él había un vínculo extraño; no nos vimos durante las lluvias, pero qué perfecto era Él para compartirla. es que no sé si lo mencioné antes, pero en ese entonces Él tenía pinta de franchute, pero con cariño. sí, todavía la tiene, pero ya no quiero llamarlo franchute, sino más bien atribuirle el nombre que llevaría la milésima parte de una masa letrada que pulula entre los pilares con abrigos largos y boinas lujuriosas (también con cariño). entonces es imposible no imaginarte cara a cara con las paredes, pensar en poner tus labios en un botón cualquiera y sacarlo con los dientes hasta llegar. para qué explicitar a dónde, dejémoslo en solo llegar. me estoy desviando del tema, pero es que no quiero cabos sueltos como en los textos de lotman. hablaba de que ahora había un vínculo y de pronto los botones de plástico se volvieron de colores y suaves y ya no hacía tanto frío, ya los botones de mi blusa se iban soltando un poco. y cuando digo esto es porque de un momento a otro las cafeterías no funcionaban como antes y, sin embargo, había algo que se me estaba desbordando en el pecho, por eso lo de los botones. yo le atribuyo esto a Él y no es que se haya encargado directamente de los botones. Él es muy creyente. Él no es capaz de desatar ni sus zapatos ni sus temores. tampoco sus deseos, pero esto lo descubrí después. en el fondo, lo que quiero decir es que ahora tenía mi corazón dividido entre dos personas. Él no hizo nada (a eso iba con lo de los deseos) y las cafeterías se aproximaron más rápida que lentamente. creo que ni siquiera alcancé a pensar y eso que me da miedo ser impulsiva, porque siempre estoy detrás del error, del error persona, del error acción. a pesar de esto fui al cine, hubo besos y revolcones hasta las cinco de la mañana y bueno, ahora el escenario era un poco diferente. llegué de la mano pero no de Él, y la mano y Él se llevan mal. asuntos clausulares, dicen, pero no quiero más que solo mencionarlos. es por eso que me prohibieron, en parte, hablar con Él. en su momento no lo entendía, pero la gente se ha encargado de demostrarme que quien prohibe tenía la razón: no puedes ser amigo de alguien que le hace daño a quien tú quieres. el problema se desató después: cual sabias enseñanzas del arcipreste, en la prohibición está el engaño y Él hizo un concierto y yo fui. luego tuve tiempo libre y Él me invitó a su casa y fui. Él estaba solo. Él estaba saliendo de la ducha y yo sentía que se me escapaba la infidelidad entre las piernas. fuimos al computador y Él cantaba un par de canciones extrañas que nunca entendí. subimos a su pieza, pero luego bajamos como por culpabilidad sin hablar del motivo de culpabilidad, pero se entiende que lo sabíamos ambos. Él y yo nos sentamos en el sillón y mi pelo entre sus dedos de pronto. llamaron a Él a la casa y a mí al celular al mismo tiempo y me asusté porque era quien no quería que me llamara. no porque no lo quisiera, pero la situación me hacía titubear. cuando Él colgó vino el encuentro; el pasillo se hacía más largo hacia los lados y entre nosotros ya no había aire. pasó sus manos por mi cintura y me mantuvo ahí, inmóvil y creí que se detenía el tiempo. nos abrazamos, nada de besos. pero claro que ese abrazo era un beso, solo que sin bocas ni lenguas de por medio. eso habría sido hasta grotesco en un momento tan noble. un par de besos en las comisuras tal vez, pero no nos atrevíamos a tanto y fue mejor. después de eso no volví a ver a Él hasta después de un tiempo. entonces fuimos un día a un parque y leímos el corintios. me sentía tan segura de querer tomar una decisión que estaba asustada. ya se hizo presente la impulsividad. luego llegó la rutina, las salidas a las siete y lo que todo eso implica. ya no está la pegoticidad del verano y qué bueno, a lo mejor ahora las cosas se verían más claras. todo seguía muy extraño hasta que fue su cumpleaños y yo le escribí con un principito. se lo regalé, más bien. nos dijimos cosas lindas, semanas después nos revelamos axiomas en latín y todo seguía su curso hasta Ayer. digamos que Ayer tiene una connotación especial en esta historia. hace unos días había leído un poema de borges que hablaba de que dios quería quedarse entre los hombres y pensé en Él y se lo escribí en un papel morado con mi mejor letra. se lo entregué. Él se puso contento, pero no hablamos más de eso. al día siguiente le pregunto por lo del poema y me dijo que no le había gustado porque se burlaba de cristo. si fuese cierto yo no le habría dado a Él una cosa como esa. le pedí que me lo devolviera porque no había cumplido su objetivo. se negó. le rogué de nuevo y me dijo que el papel y la letra eran lindos y en ese momento comprendí que estaba parada frente a un niño, más bien a un computador que me conectaba con otro computador que tenía detrás a un niño, que ese Él ya no era sino un él que no veía más que lo superficial. entonces el mismo principito que le regalé se hizo más presente que nunca y le dije que lo esencial era invisible para los ojos, pues más importante que el papel y el árbol cortado era el momento mismo en el que yo había leído a borges y había pensado en su sonrisa. hoy, a las once cuarenta y cinco de la noche, soy capaz por fin de emitir un juicio ante esta duda que me persiguió durante muchos meses: hubo una exaltación de un Él que nunca existió, un proyecto barragano absurdo. entonces hoy, a minutos de que ocurra algo importante (será pronto 12 de abril y es el día en que recuerdo la ida al cine), comprobé que el amor se pone a prueba solo, que el pasto del lado es más hermoso sin gozar de buen sabor, que ya nadie me llena tanto como ese Él que vi primero -y que siempre fue el verdadero- y que no podría mirar a nadie más porque lo descubrí en una ayudantía, porque sin él estaría muerta y punto.
jueves, 10 de abril de 2008
Llamadas telefónicas

Cuando hace tanto tiempo M me dijo sobre eso yo no le entendí palabra. Eso se llama despecho, dijo, y te voy a cuidar de él. Cuando cortamos M y yo, de mutuo acuerdo y a través de una llamada telefónica, pensé que el momento en que dijo eso había sido el único en el cual fuimos realmente felices. Llamadas telefónicas sucedieron a esa en varias ocasiones, amistosas, y el despecho de esa pequeña relación se transformó en un luto que se extendió por años. No fue, como hubiera pensado, una sola sensación extremadamente desagradable. Hasta hoy me maravillo de no sentir nada tras esa larga sucesión de emociones opuestas, relativas, superpuestas, distintas todas. Incestuosas, nacidas unas de otras. Incontenibles. A diferencia de esa vez con M, la sensación manifiesta ahora, tanto tiempo más tarde, es sólo de rabia, y el luto se ha convertido en reiterados simulacros de asesinato ante la imposibilidad de enviudar de verdad. Los motivos son diferentes, igual que el personaje y su corte, pero ahí están esas palabras incomprensibles otra vez. Deseos de estrangular el aire constantes, espasmódicos. Recuerdos que se vuelven barrocos, grotescos, absurdos por completo. Cosas dichas y entendidas después, traducidas en felicidades pasadas. La sensación, entonces, se me hace absurda como la sangre que se junta debajo de algunas costras y termina por convertirse en una piedra bajo la cicatriz. Duele, y no precisamente por ser una sensación a flor de piel, sino que por convertirse en un conjunto de ideas que retornan, se acumulan y hacen daño. En mucho tiempo no hubo noche en que no levantara el auricular del teléfono esperando, con tripas y cabeza, que la voz de M al otro lado de la línea intentara explicarme qué había pasado entre una llamada y otra. Podría decirse que, al no necesitar más explicaciones sobre el tema, lo único que persiste entre nosotros es un miedo extraño y el silencio de una punta de la ciudad a la otra.
miércoles, 9 de abril de 2008
Time again, you're too late
Me acordé de una conversación que había tenido una semana antes con una amiga, que me comentó que cada vez que uno de sus amigos le mordía un hombro entre juegos a ella le daba un escalofrío, y no fue hasta mucho tiempo después que notó, cuando una vez su novio hizo lo mismo, que eso la calentaba.
Por un momento pensé en dejarlo hacer. Después habría llegado a casa con una mancha delatora que me habría obligado a andar con pañuelos toda la semana como una estúpida (pero una estúpida satisfecha). Ahí me atacó el sentido común: la decisión era entre seguir el instinto y asumir la consecuencia o mantenerme igual de digna que antes, pero con el descubrimiento de esas nuevas ganas. Le dije que no lo hiciera. No me hizo caso hasta que pasado un rato comenzó a reírse y se dio cuenta de que se estaba entusiasmando sin base alguna. Terminamos conversando medio abrazados, yo sentada en una de sus piernas.
Tengo ganas de que me muerdan el cuello. Pero no cualquiera, no sé. No él. Después eso complica las cosas: ¿por qué es que las chicas decentes como yo tienen esa regla muda de no agarrarse a los amigos? A veces me gustaría ser más desenfadada. Quizás si saliera a bailar podría conseguirme a un incauto cualquiera para que me besara todo el camino del cuello; entonces me bajaría un ataque de risa y lo detendría ahí para que no acercara nunca su boca a mi boca, en un intento frustrado de tener la decencia que tenía la mujer bonita cuando atendía a sus clientes. Sólo que esta vez sería yo la clienta de un servicio que se entrega a cambio de nada más que unos movimientos que nunca aprendí y que me nego a aprender.No quiero bailar. Por ahora me contento con que me muerdan el cuello.
Para cantar canciones de amor
Acá nos vengamos de todos.
Manden sugerencias para el nombre del blog. Si es necesario de ahí cambiamos la dirección y todo. Las quiero, ricas.